OPINIÓN

Repercusión de la crisis global en el abuso del trabajo infantil


 

 

Mensaje de Juan Somavia Director General de la Oficina Internacional del Trabajo con ocasión del Día Mundial contra
el Trabajo Infantil 12 de junio de 2009

 

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Nos centramos hoy en las niñas atrapadas en el trabajo infantil: las que trabajan duramente
de sol a sol en el campo; las que resultan invisibles en el trabajo doméstico, o aquellas que
viven y trabajan en las calles del mundo. Como todos los niños, tienen derecho a no estar
sometidas al trabajo, a recibir una educación y a desarrollar todo su potencial.
Sin embargo, la discriminación, el carácter a menudo oculto de su trabajo y la carga de la
responsabilidad del hogar, suelen conjugarse en grave perjuicio de las niñas.
En este Día Mundial, también celebramos el 10.º aniversario de la adopción del Convenio
sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182). En este momento sólo nos
faltan 14 ratificaciones para lograr su ratificación universal por los 183 Estados Miembros
de la OIT. Esto es una notable expresión del compromiso y la determinación de los países.
En este Convenio se nos pide asimismo que prestemos especial atención a la situación de
las niñas.

La OIT estima que hay unos 100 millones de niñas que trabajan, de las cuales 53 millones
realizan trabajos peligrosos. Son demasiadas las que padecen múltiples desventajas: las
ataduras de la pobreza que las privan de opciones; las tradiciones que menosprecian a las
niñas y les niegan sus derechos; y los sistemas y prácticas de educación que pueden
perpetuar efectivamente su exclusión.

La inversión en la educación y la formación de las niñas es una inversión en igualdad y
progreso social: una niña que recibe educación está mucho mejor dotada para romper el
círculo vicioso de trabajo infantil y pobreza. La experiencia demuestra que esto aporta
beneficios inmediatos a las familias. Las comunidades, las sociedades y las economías
también se benefician. No obstante, las mujeres siguen representando casi las dos terceras
partes del 16 por ciento de la población analfabeta del mundo — legado éste de las
estructuras de desigualdad y discriminación que aún persisten.

A medida que la crisis actual va haciendo sentir sus efectos, muchas mujeres y muchos
hombres se ven empujados a la pobreza o a una pobreza aún mayor. Los avances
difícilmente conseguidos en la eliminación del trabajo infantil están amenazados, y las niñas
son más vulnerables. Debemos estar alerta.

Las decisiones de política que se adopten para el período de recuperación y una vez
superado el mismo, reflejarán la índole del compromiso con todos los niños del mundo. Los
valores, principios y derechos que han sido objeto de tan amplia adhesión deben quedar
expresados en una acción a nivel nacional e internacional en apoyo de sociedades en las
que:

* los derechos de las niñas y los niños sean respetados de igual manera;
* las estrategias de supervivencia no dependan del trabajo infantil; y
* la educación básica sea accesible a todos, y las opciones no consistan en decidir
entre enviar a la escuela a un niño o a una niña.

Las respuestas sostenibles requieren estrategias integradas que también promuevan el
empleo para los padres y la protección social de los individuos y las familias. Tal es el
enfoque del Programa de Trabajo Decente.

En este Día Mundial, reafirmemos, individual y colectivamente, el compromiso de cumplir
nuestra responsabilidad de dar a las niñas una oportunidad y hacer posible que todos los
niños lleven una vida digna.