CELEBRIDADES GRÁFICAS


Mario Recio
  Mario Recio

 



Presidente de una de las plantas de producción gráfica más importantes de Argentina, apreciada internacionalmente, Establecimiento Gráfico Impresores S. A., Mario Recio vive la actividad con pasión respondiendo a una vocación que sintió toda su vida. “Puede llamar la atención,  pero entre los once y doce años yo sabía que en la imprenta estaba mi lugar”, manifiesta.

Nació en Buenos Aires el 29 de octubre de 1938, hijo de  Victoria Ciminelli y de José Recio, gente humilde y trabajadora. Su padre tenía una imprenta tipográfica en el barrio de Nueva Pompeya y, en algún momento, el hogar de la familia estuvo dentro del mismo taller. Junto con sus hermanos mayores, José Félix y Victoria Mercedes, Mario cumplía algunas tareas en la imprenta desde niño. Y le gustaba. Pero su padre quería que al menos alguno de sus hijos siguiera con estudios superiores. El destino intervino. El padre enfermó gravemente – pancreatitis hemorrágica – y los hermanos mayores no quisieron hacerse cargo del taller por desavenencias familiares. Abandonando el segundo año de la escuela secundaria, Mario, con sólo trece años, condujo la imprenta y así lo recuerda: “Con mi padre convaleciente me puse al frente del taller para llevarlo adelante, con toda la complejidad y responsabilidad que eso significa. Tuve que dirigir a hombres mayores, tipógrafos de larga data que colaboraron acatando mis órdenes. Yo trabajaba como el que más. Aprendí a calcular la compra de los materiales necesarios. Logré retener a clientes y proveedores, manteniendo una relación de igual a igual con todos, al punto que algunos comenzaron a creer que yo era mayor de lo que aparentaba, y es así como todo el  taller giraba a mi alrededor”. 

La experiencia le hizo darse cuenta de su capacidad para crecer en la actividad. Alrededor de los 17 años se dieron hechos trascendentes en ese sentido. Conoció a Beatriz Lucía Aróstegui, su primera novia con la que se casó el 10 de octubre de 1964 y que es la madre de sus tres hijos: Pablo Christian (25-IV-66), Marcelo Alejandro (26-VI-67) y Sebastián Gabriel (6-III -77). Para la misma época, mostrando su visión empresaria, Mario le hizo una audaz propuesta a su padre: seguir conduciendo el taller paterno durante el día sin cobrar nada, a cambio de que a la noche le permitiera usar las instalaciones por cuenta propia. Esto le significó dormir día por medio, a pesar de lo cual cumplía escrupulosamente con las responsabilidades asumidas. Además, junto con Beatriz, en una motoneta con la cual le habían pagado un trabajo a su padre, Mario salía los domingos a recorrer las rutas bonaerenses para conseguir que las estaciones de servicio fueran sus clientes. “Esa motoneta marcó mi vida”, dice sonriendo. Lo cierto es que a los 19 años ya se había hecho de un pequeño capital y se independizó. Su futuro suegro lo ayudó y le cedió un lugar en su propia casa para que instalase su primera impresora tipográfica, que aún conserva de recuerdo. “Al cabo del primer año de trabajo ya había superado ampliamente el taller que mi padre tardó toda su vida en construir”, comenta.

El cumplimiento del servicio militar le impuso cambiar el ritmo, aunque parcialmente, porque los sábados y domingos los empleaba trabajando con su impresora.

Vuelto a la vida civil, y a partir de 1961, la empresa de Mario comenzó un crecimiento imparable que se mantiene con la misma intensidad hasta el presente. Allá por 1968, con clientes de primerísima línea, la entonces Impresores S.C.A. se había convertido en la empresa tipográfica más grande de la Argentina, contando con cuatro máquinas Givot verticales y cuatro máquinas Rotoras, verdadera revolución en su tiempo.

Viendo que el mercado lo exigía y la tecnología lo posibilitaba, la empresa incursionó en el hueco offset incorporando en 1968 la primera máquina offset Cabrenta de formato reducido. El éxito obtenido y la confianza consolidada de los clientes impulsaron, en los primeros años de la década del setenta, la incorporación de dos máquinas offset Heidelberg a un color usadas (formato 59x82), preparándose de esta manera con  bases firmes para la disparada técnica que se avecinaba. 

En 1978 dio un paso fundamental.
“Mientras la gente estaba distraída viajando a Miami, a Europa, o a los más diversos lugares en la época del ‘déme dos’, nosotros seguíamos invirtiendo en maquinarias “, dice Mario. En esos tiempos importó de Alemania dos máquinas Heidelberg nuevas de mayor formato (71 x 102) a dos colores, lo que constituyó el puntapié inicial para poder importar otras tres máquinas Heidelberg nuevas de cuatro colores, las primeras en su tipo para América Latina. Al mismo tiempo se anexaron todas las maquinarias necesarias para encuadernación y copiado, con lo cual se configuró uno de los talleres de punta en Argentina.

Desde los inicios, a la vez que invertía en maquinaria, la empresa fue adquiriendo nuevas propiedades linderas, en las cuales paulatinamente se fueron construyendo las instalaciones apropiadas para la actividad. Primero fue el edificio que aún la firma mantiene en el barrio capitalino de Liniers y luego en el año 2003 el impresionante predio que ahora Establecimiento Gráfico Impresores dispone en el Parque Industrial de Pilar, en la provincia de Buenos Aires. Allí se levantó una edificación con todos los dispositivos y requerimientos específicos para la producción industrial gráfica. El equipamiento en todas las áreas se renueva constantemente, al punto que es difícil encontrar alguna máquina o equipo que supere los dos años. Vale destacar que para Heidelberger Druckmaschinen A.G., la empresa de Mario es una de las elegidas para estrenar novedades de su sello en el mundo.

La descomunal expansión de esta empresa argentina dedicada a la producción de envases de cartulina, etiquetas de papel y material promocional a menudo generó suspicacias. Sin resentimiento y más bien con humor Mario cuenta que se le atribuyeron contar con capitales de los más dispares orígenes, desde el Vaticano al poder militar, siendo que en la época de la última dictadura la empresa sufrió cuatro allanamientos.

Explicando la clave de su exitoso desarrollo empresario, Mario afirma categórico que se debe a “tenacidad, perseverancia y amor, y apostando siempre a la cultura del trabajo”. Y lo ejemplifica enfatizando con orgullo: “Tengo la alegría que mis tres hijos están en mi misma actividad, tal vez  porque ellos también fueron criados en un taller gráfico, tal vez  porque vivieron el amor de sus padres al trabajo, y será por estas dos cosas o quizá por otras más,  que ellos como nosotros todos los días están conduciendo ésta que ahora es una industria integral”.

 Superando las secuelas de una  enfermedad  Mario sigue en actividad, porque trabajar en la industria gráfica invirtiendo su talento y la experiencia acumulada sigue siendo su gran afición y la disfruta a pleno.

Por todo ello, en diciembre 2008, FAIGA – Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines acaba de tributarle a Mario Recio un homenaje por sus cincuenta años dedicados al esfuerzo y a la lucha por alcanzar la máxima excelencia en la producción industrial gráfica. Asimismo, CONLATINGRAF – Confederación Latinoamericana de la Industria Gráfica incorpora su trayectoria personal y profesional a la Galería de Celebridades de la Industria Gráfica como ejemplo y guía de las nuevas generaciones.