CELEBRIDADES GRÁFICAS


Héctor Morello
  Héctor Morello

 



Reconocido por haber consolidado una empresa de muy alto nivel que enorgullecía a toda la producción gráfica del sector, Héctor Morello aún podía seguir engrandeciendo a nuestra industria. Su fallecimiento, ocurrido el 4 de noviembre de 2009, sorprendió y, a la vez, hizo evocar y exaltar sus grandes cualidades humanas coherentes con la escala de valores que siempre sostuvo sin claudicaciones.

La noticia del fallecimiento sorprendió. Para gran parte de la comunidad gráfica, Héctor Morello era un hombre en su plena madurez, sólo tenía 66 años, que estaba al frente del establecimiento que había consolidado como uno de los más importantes de nuestra industria.

Así como era ampliamente conocida la alta calidad con que se trabajaba en su planta, se sabía también de su apego al bajo perfil. Actitud alejada por completo de la pasividad. Por el contrario, como hombre de profunda fe religiosa, su compromiso con los demás, con todo prójimo, era íntegro en todos los ámbitos en que actuaba.

Desde sus inicios, se ocupó de la promoción de sus empleados; les inculcaba la responsabilidad en el cumplimiento de las tareas y los apoyaba – ayudándolos incluso económicamente – para que progresaran. Con sus colegas fue franco y generoso; les abría las puertas de su planta sin temor y siempre estaba dispuesto a “darles una mano”. Uno de ellos recordó que, estando en una difícil coyuntura por la rotura de una pieza de su principal impresora, Morello no vaciló en desmontar una de sus máquinas para prestarle ese componente para que no perdiera un cliente. Adhirió a la gestión de FAIGA eludiendo protagonismos aunque alentó a sus hijos a la participación, lo mismo que reconocía explícitamente cuando lo incumbía algún trámite de la entidad enviando una nota para agradecer. Su compañerismo se extendía más allá de las cuestiones meramente empresarias. Enterado de que un colega, con el cual mantenía una relación institucional más que personal, padecía una grave dolencia física, lo animó a visitar un santuario para rogar asistencia divina y él mismo lo acompañó.

Frontal y derecho. Generoso aunque inflexible ante la desidia y la deslealtad. Se había formado en un hogar exigente. No obstante que su padre trabajaba en el sector del transporte, como vivían en un barrio donde abundaban las imprentas, su madre puso a Héctor y a su hermano Roberto a trabajar en uno de sus pequeños talleres para “sacarlos de la calle”. Así cursaron el secundario, ocupados en jornadas de trabajo y estudio de 12 y 14 horas. Como les gustó la actividad gráfica, instalaron una Minerva en la propia casa paterna y se pusieron a trabajar por su cuenta. Muy unidos pero con personalidades diferentes, los hermanos discutían mucho y la madre tomó cartas en el asunto. Héctor siguió en la industria gráfica y Roberto se dedicó al área de seguros donde progresó.

Solo al frente de la imprenta Héctor tuvo que dejar su trabajo de maestro. Vale recordar que, siendo docente, llevó a alumnos carentes de futuro a trabajar en su taller. La mayoría de los cuales lo siguió durante décadas en los dos establecimientos que fueron marcando el crecimiento de su empresa. Esa preocupación social siempre la mantuvo. En la actual Morello S. A. integran su personal empleados con discapacidades físicas que ahí encuentran un medio digno de ganarse la vida.

Héctor Morello ya no está físicamente. Queda el legado de lo mucho que construyó en su paso por la vida. A sus hijos, Mariano, Diego y Giselle, les queda el desafío de continuar la empresa Morello S. A. con la misma meta de superación constante que su padre le marcó. A ellos y a todos los que tuvieron oportunidad de conocerlo y tratarlo, les queda el compromiso de transmitir los valores en los que Héctor creyó: el empeño por producir cada vez mejor y el de compartir lo que se tiene, material y espiritualmente, con quienes lo necesitan.