Fue un patriarca de la industria gráfica. Toda una vida trabajando en la actividad y a la vez transmitiéndole a su hijo la misma vocación por producir en el sector gráfico. Y junto con la afición también una forma para concretarla. Con pasión, compromiso y una buena cuota de audacia y perseverancia como elementos esenciales para avanzar se conformó la receta que un gráfico de alma ofreció legado.
La suya comenzó como una historia tradicional dentro del medio. Don Gregorio Sacco se inició en las tareas de la industria gráfica con sólo 13 años. Ingresó en la Imprenta Busnelli, un taller con muy buena reputación en el rubro comercial. En su planta instalada en pleno centro – Lavalle entre San Martín y Reconquista – se imprimían memorias, balances, catálogos, folletos. Allí Gregorio aprendió todos los secretos del oficio y se especializó en el proceso de encuadernación. Hábil para capacitarse y perfeccionarse, empeñoso para rendir eficazmente y hacer fructificar la labor emprendida, además con condiciones para organizar y conducir, con sólo 23 años se convirtió en uno de los 35 propietarios de la peculiar empresa.
Para el joven Gregorio la única manera que entendía para desarrollar su trabajo era hacerlo con pasión. Estaba enamorado del olor a tinta, del polvo del papel y de los cuidados que exigía el encolado o el cosido para terminar una pieza. Por eso, aunque hizo estudiar a su hijo, lo hacía frecuentar el taller y veía complacido como maquinistas y operarios le enseñaban los rudimentos del proceso gráfico.
Por sus venas corría la sangre vehemente e intrépida de sus antepasados, inmigrantes calabreses. Igual al afán con que se concentraba en la labor diaria, asumía la audacia para enfrentar riesgos y avanzar. Por eso cuando su hijo Juan Carlos, aún muy joven, le contó que quería aventurarse y tener su propia empresa gráfica, lo alentó decididamente. Una vez que Impresora Argentina se había afirmado en el campo de la impresión de formularios continuos y valores, don Gregorio no titubeó en dejar la empresa donde había trabajado durante décadas, para pasar a la de su hijo. En la misma, y casi hasta su último año de vida, aportó su amplia experiencia en la especialidad de encuadernación pero, sobre todo, prodigando consejo y respaldo desde la sabiduría que dan los años intensamente vividos y la sensibilidad para percibir las necesidades de los demás que había adquirido con el dilatado tiempo que compartió en las plantas de producción gráfica.
Con la persona de don Gregorio Sacco, fallecido el 5 de diciembre de 2009, se ha ido un auténtico patriarca del sector. Tanto a su familia como a todos los que lo conocieron, les deja como legado su ejemplo de amor hacia la industria a la cual no le escatimó ni tiempo ni esfuerzos.
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